Madrid. 00:47h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 5 de enero de 2012
Volviendo del trabajo con compañía. Esta mañana estábamos a -3º.
Lucía, compañera de trabajo. Simpática y agradable como ella sola. Y habla por tres.
Apasionada de las culturas andinas, también puede informar sobre algunos entresijos del trabajo. No en vano lleva más de cuatro años en él.
A pesar de no poder realizar mi habitual ejercicío de observación matutino, ha sido un cambio agradable. Y he aprendido una ruta más corta para volver a casa.
Desayuno tibio. Pablo tiene otra entrevista de trabajo y a las 14:00h hemos de ir a ver un piso en una zona poco transitada. Intento dormir, pero las palomas y los operarios, que llevan dos meses de retraso en la remodelación del portal del edificio, se alían vilmente para sabotearme.
Evidentemente, llegamos tarde a la cita con el posible casero.
La vivienda es muy interesante, pero un poco cara.
Se trata de un gran estudio de grabación, con diferentes estancias habilitadas como habitaciones y un par de baños. La cocina es casi inexistente. Semejante a un loft neoyorkino, pero con mucho menos glamour. Le falta el montacargas con acceso directo.
El casero, canadiense con acento uruguayo y ascendencia gallega, ha grabado con gente relativamente importante. Pero la producción musical se encuentra a la cola en el márqueting. Pablo está encantado con el ambiente bohemio-musical del lugar, pero somos conscientes de que nos gusta demasiado comer y estamos un poco hartos de viviendas alternativas. No volveremos.
A la salida, hay hambre canina. Por casualidad encontramos un local donde te sirven un pollo asado con patatas por 6,5€. Adjudicado.
Nada de cerveza. Hay que dar un respiro al quejumbroso hígado. Té frío y cola.
Cambio de lugar. Estamos bastante ahítos. Un café solo y un americano, en cafetería standar, con camarero herido en el mentón y oficinistas en la barra. Secuelas de Nochevieja y "chupatinteo", respectivamente.
Paseo por la zona del Palacio de Vistalegre. Esta noche hay un Madrid-Barça de baloncesto. La baja de Navarro y la leve lesión de Lorbek ha provocado el lleno. Si no nos ganan hoy, no lo harán nunca.
Buenos bares alrededor, pero ni catarlos. Somos de pico caliente.
Vuelta a casa. Leve siesta por agotamiento. Pablo toca con cascos y me despierta para ver el partido. Me cago en la puta madre que parió al arbitraje casero de la ACB. Han necesitado dos bajas y tres árbitros cómplices para ganar de cuatro puntos y en el último minuto. En el Palau les forramos a hostias...
El final del baloncesto me hace perderme casi el primer tiempo del Barça-Osasuna de Copa (fútbol). 2-0. Esto, como era previsible, está hecho. La pulga atómica juega treinta minutos. Lo justo para finiquitar la eliminatoria. 4-0 ¿Perderán los merengones para no cruzarse en cuartos?
Tras la adrenalina. Llega la calma. Pablo ha preparado dos excesivas hamburguesas para cada uno. La digestión es criminal. Obviamos el vino.
Estamos hechos unas nenazas.
Navegación y perrería post-atracón. Sketches con Capussotto interpretando a Micky Vainilla. Tiene su gracia.
Adoro el humor negro. Si es bueno, me importa un carajo si hiere sensibilidades o no.
Intento de ver Las aventuras de Ford Fairlane, una película mala de cojones, lo cual la ha hecho ascender al olimpo del cine de culto. Gente como Priscilla Prestley (mi modelo si me llego a casar), Ed O'Neill o Robert Englund (entre bazofia ascendente de Elm Street) tienen un papelito.
Guest Star: Vince Neil.
Tanto gilipollas... y tan pocas balas
No la terminamos. El sueño ha ganado hoy la batalla.
La guerra continúa.
Fin de la transmisión
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