jueves, 19 de enero de 2012

19 de enero de 2012

Madrid. 16:22h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 19 de enero de 2012

Infección en el oído izquierdo. Leve otitis en el derecho.

La higiene en el trabajo parece ser únicamente obligación del trabajador, pues es muy probable que la infección se deba a compartir los auriculares, sin ningún tipo de protección.

Tengo la oreja izquierda como si me hubiera hecho cuatro piercings en la entrada del oído... y se me hubiesen infectado a la vez.
No oigo casi nada. Y he empezado a rezumar un líquido asqueroso.
48 horas de reposo, antibiótico y gotas. Tres veces al día durante una semana.
De paso, unas pastillas para dormir.
Se me jodió el alcohol por el momento. Justo cuando acababa de llenar la nevera.
Tendré que espantar a las posibles visitas.

Ya que no tenía nada mejor qué hacer, me he tomado la medicación y he intentado dormir. Sin resultado.
De este modo, las horas han pasado en un estado de perenne duermevela.
Me ha sido imposible intentar siquiera leer. La televisión me hacía daño en los ojos.
Literalmente, no como de costumbre.


Había sido invitado a ver el Madrid-Barça de copa hoy en la SER. Junto con la gente de Carrusel Deportivo.
A pesar del dolor de oído, la tentación ha sido demasiado fuerte y, abrigado como un cruce entre un oso y un terrorista, he cogido el autobús hasta Gran Vía.

En el control, no estaba en la lista.
Tras unos minutos, me han encontrado... y hacia el estudio 1.
Me encontré con un viejo conocido, excelente técnico de sonido, de la época en la que grabé allí una maqueta... con resultados decepcionantes, que no vienen al caso, y de los que soy absoluto y único culpable.
Dentro del estudio, los dos presentadores estrella, un ex-árbitro (más blanco que la tiza, aunque jamás lo reconocerá) y un par de animadores, uno de los cuales se hizo célebre con un programa matutino, el día en que una sorpresa telefónica a la mujer de un panadero acabó en una "pillada" en toda la masa.

Tengo suerte y junto a mí, entre el público, se sienta una pareja del Barça y un chaval del Betis.

Vemos la retransmisión del Athletic-Mallorca. Los leones devoran a los isleños.
El ex-árbitro tiene un gran trabajo. En dos horas que llevamos allí, ha intervenido tres veces en la transmisión. Parece mucho más interesado en el partido de balonmano que disputa España contra Hungría, correspondiente a la segunda jornada del europeo.
Partido que, por cierto, apenas podemos intuir desde nuestro lado de la sala. Eso sí, tenemos una perspectiva perfecta del Milán-Novara, de copa.

Interviene vía telefónica parte de la plana mayor de la prensa madridista. Coherente y derrochando sentido común, como de costumbre. Algún culé también.
El narrador del partido entra, facilitando las alineaciones . Llourinho apuesta por el espectáculo, y pone un 6-1-3 sobre el campo, enmascarado en un falso 4-3-3.

Dado el conflicto existente entre la LFP y las radios, nuestro narrador se parapeta en un estudio contiguo, no sin recurrir a la ilusión del falso directo. En espacio, se comprende.

Cierto ex-futbolista argentino, ex-jugador, entre otros, del Real Madrid, hace su entrada. Menudo bicho. Debe rondar el 1'90 y está en mejor forma de lo que yo estaré nunca.
La directora de deportes de la cadena, unos 35 y realmente guapa, aunque un poco flaca, corretea ejerciendo, como años ha, las labores de producción.

22:00h. Comienza el partido.
22:11h, marca el Madrid, gracias a una cantada de Pinto. Me sale un "me cago en la puta" quizá un poco alto. Un merengue detrás de mí está tocándome un poco los huevos, pero he de reconocer que no soy el más indicado para quejarme.

Descanso. El Barça ha dominado, ha tenido cuatro ocasiones claras de gol. El madrid, una. Va ganando.
Tiempo de fotos. Como de costumbre, no me hago ni una.
Ponsetti delata cierto anti-madridismo, despotricando con mucha gracia sobre Cristiano Ronaldo y su, puñetera, recuperación para la causa "ahora que lo teníamos hundido".

La Cadena SER no nos ha dado ni agua. Una cerveza me vendría genial, a pesar de la medicación. Estoy deshidratado por el esfuerzo de contenerme.

Segundo tiempo. Minuto 3. Gol de Puyol.
Se acabó el contenerse, a medias. Grito, pero ni me tiro de rodillas, ni beso la tele. Hay una cámara que me enfoca casi directamente y pasa la imagen del estudio a través de la web de la emisora.

Algo pasa. Se va la señal. No tenemos ninguna referencia, salvo el sonido ambiente del estadio. Ponsetti y Carreño improvisan como pueden. Carreño habla de lo bien posicionado que está el Barça. Ponsetti alaba su buena vista. El monitor sigue en negro.
Tras el cristal, los técnicos y productores corren por los pasillos y llaman por teléfono.
Finalmente, tras dos minutos de estrés. volvemos a ver y escuchar lo que queremos.

Minuto 31. Gol de Abidal.
Se acabó el contenerse, definitivamente.
Mi grito de "ganó el fútbol" sonsaca sonrisas y comentarios en la mesa de los locutores.
Mis insultos a Pepe, defensa central reconvertido en psicópata aficionado, no dejan indiferente a nadie. Pero creo que no se atreven a replicarme.

Fin del partido. Sudo como un cerdo. Al final los quejicas del curro van a tener razón.

Nos echan educadamente. Empieza otro programa. Nos permiten quedarnos a verlo si queremos, pero tengo hambre, sed y tirria a su presentador.
Prefiero embutirme de nuevo y enfrentarme al frío madrileño.
Las fugaces amistades que logra el fútbol se disuelven al dejar la emisora.

Llego a casa. Sopa caliente y lomo-queso con tomate.
Echo un ojo a los programas deportivos nocturnos. Sólo los merengones, que son más divertidos en caso de derrota.

La radio me acompaña también aquí. Seguramente me la volveré a dejar encendida.
Una noche más.


Fin de la transmisión

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