Madrid. 10:20h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 18 de enero de 2012
Hoy no pude ir a trabajar.
No es que me moleste demasiado, sino fuese por el motivo.
Llevaba unos días con molestias en el oído izquierdo y el insomnio me produce dolores de cabeza cada vez más intensos.
Al levantarme de la larga siesta, el gesto natural de prender la luz, apretando el interruptor del cabezal de mi cama, se ha convertido en una instantánea y dolorosa tortura. Lo más parecido a recibir veinte alfileres por ojo, mientras un fornido obrero de la construcción utiliza un berbiquí en cada una de las sienes.
Apagado inmediato. Qué dolor tan agudo y sorprendente, joder.
Tras varios intentos, desisto. Cada vez que encendía la luz, obtenía idéntico resultado.
A oscuras, pues, tropezando con las dos únicas sillas que tengo, he tenido que encontrar el teléfono para avisar al trabajo. Aprovechando, de paso, para tragarme un par de paracetamoles (al menos espero que haya sido eso).
Las 23h.
Las 0h.
La 1.
Las 2.
Las 3.
No hay pelotas a dormirme. Las náuseas me han hecho visitar un par de veces el baño y escupir sustanciosamente.
Casi todo ha caído dentro.
Supongo que finalmente me dormiré.
Aunque sea por agotamiento.
Fin de la transmisión
No hay comentarios:
Publicar un comentario