Alcolea de Calatrava. 12:22h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 22 de enero de 2012
No sé si es mi probeza irredenta, pero me encanta viajar en autobús.
A pesar de los dolores de espalda y los leves mareos.
A pesar de las conversaciones no solicitadas con, principalmente, ancianos.
A pesar de la pérdida del tiempo.
De las curvas.
De...
Viaje a casa de mis padres. Tres horas y media por carretera. Recorrido por pueblos para los que esa denominación es más que generosa.
El hombre de delante, unos 70 años, bastón y cojera, intenta darme conversación. Puedo entender que la necesite. Es probable que el raro sea yo. Pero contesto con respuestas exactas, que le hacen desistir.
Inténtelo con alguien más proclive. Tendrá más suerte.
No es nada personal, pero hoy equivocó el objetivo.
La luz del Sol molesta. Pero el paso de las horas la convierte en un espéctaculo hermoso de colores indescifrables para un daltónico de pro, como un servidor.
Las grandes planicies manchegas tornan los montes en cordilleras.
Aparecen las primeras estrellas, esas que siempre están ahí, pero que raramente vemos.
Sólo rompen la magia las constantes llamadas a mi móvil desde Citibank, entidad de cuestionable pesadez en asuntos de impago.
Qué poco sentido del humor.
Llegada a Piedrabuena, donde me recogeran mis padres para llevarme a Alcolea.
No sé si podré resistir la juerga gitana que siempre me espera por estos lares...
Fin de la transmisión.
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