Madrid. 13:31h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 15 de enero de 2012
Nunca aceptes una cena como agradecimiento a tu ayuda en una mudanza.
No sabes cómo puede acabar.
Pablo me hizo servir hoy como mulo de carga. Interminable viaje en metro, cruzando Madrid de punta a punta. Un par de veces se nos cayeron varios bártulos, sin consecuencias personales. Un teclado y un bajo pueden llegar a resultar bastante dolorosos sobre el pie.
Tras la odisea, vino, cena y conversación con sus nuevos co-habitantes.
El piso corresponde a una promoción de vivienda protegida. Entregada dos años tarde y a medio terminar. Siempre mirando por el bien del contribuyente..
Zócalos abiertos o inexistentes, grietas repartidas artísticamente, cristales de menos de un metro de alto como barrera para no caer al vacío desde un pasillo sin terminar...
A pesar de estas sutiles imperfecciones, la vivienda está bastante bien. Ha ganado notablemente con el cambio.
Paula y Julio César son los propietarios, a los que se suma un primo de la primera. Peruana y español. Atléticos y anti-vikingos. Buena gente.
La charla fluye libremente. Inmigración, trabajo (o falta de él), fútbol, familia, fiestas, drogas...
Paula es una buena bebedora. Trasegamos la primera de Rioja entre ambos.
Julio César es, directamente, un crack de la botella. Alcohol puro. Da la sensación que se puede medir su sangre en octanos.
Música de los 80 llena el salón.
3:00h. Llaman a la puerta. La Policía ha sido avisada. Algún vecino tocapelotas, sin vida social. No hay para tanto.
No bajamos el ritmo.
Todos van cayendo. Julio César y yo seguimos en ello. El ron y el whisky se han terminado. Sólo queda cerveza barata. Que puede conmigo.
6:30h. El sofá se me antoja irresistible. Igual que la manta y los cojines que me han prestado.
Me inclino ante la superioridad del saque de Julio César.
Acatemos la futura resaca con resignación.
Fin de la transmisión
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