Madrid. 20:16h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 2 de enero de 2012
Estoy entrando en una preocupante espiral trabajo-casa/casa-trabajo.
Yendo una vez más en metro al trabajo, me ha golpeado una curiosa escena.
Un hombre subnormal (me niego a utilizar el término políticamente correcto "síndrome de Down"), acompañado de la que he supuesto que era su madre, dedicaba su atención a un subrayador de color indefinido (para mí). Dedicaba, a su vez, cariñosas carantoñas a su acompañante, con una sonrisa cándida y desdentada.
Sobre ellos, una esvástica tallada a navaja y, a mi derecha, un pseudo-punk escuchaba a través del móvil una buena canción, quizá a volumen excesivo.
Una escena llena de contrastes.
Las carantoñas del subnormal me han hecho esbozar una compungida sonrisa y me han remitido, casi de inmediato, a mi hermano.
Él no sufre ese síndrome, pero sí una discapacidad psíquica del 66%, que, por no estar escrita en la cara, se hace más díficil hacerla entender a muchos de los que nos rodean.
Lleva más de tres años desempleado. Han sido constantes las deambulaciones de mi madre por centros especiales de empleo, fundaciones, asistentes sociales...
Sin resultado.
La llegada de María Dolores de Cospedal (ese "de" resulta más que elocuente) a la presidencia de Castilla-La Mancha ha recrudecido aún más la situación.
Los recortes, o, directamente, la eliminación de subvenciones a estos centros, están obligando al cierre de muchos. Los privados son inalcanzables económicamente.
En momentos y situaciones así, no se puede dejar de pensar dónde esta ETA cuando se la necesita. Ernesto llevaba razón en más de un sentido.
"La más fuerte y positiva de las manifestaciones pacíficas, es un tiro bien dado a quien se le debe dar".
Dan ganas de rememorar una nueva Noche de los Cuchillos Largos. Unas cuantas ejecuciones sumarias nos librarían de mucho inútil (e hijoputa) y asustaría a otros tantos.
Lamentablemente, disponemos de fuerza bruta, pero carecemos de medios de represión y de voluntad real de cambio. Nos tienta el cabreo fugaz y el romanticismo, pero la falta de sacrificio pleno y el propio tiempo nos deja siempre en la misma posición. Cambian las formas, pocas veces el contenido.
Como diría Tomasi: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie".
Recuerdo haber visto hoy una foto, también, de contraste.
Dos niños de aproximadamente la misma edad. Uno con sobrepeso extremo, parecía el muñeco de Michelín. El otro, era una caricatura de Ser Humano, donde predominaban huesos y moscas.
En estas fechas, este tipo de montajes fotográficos y campañas de concienciación se multiplican. Sin embargo, siempre he creido que la sobreexposición elimina la efectividad.
Tenemos tan asimilado el Horror, que caemos en cierta deshumanización. Lógico, aunque vomitivo.
La capacidad que tenemos para desechar pensamientos adversos, nos evita sucumbir a la culpabilidad y la pena. A la locura.
La maldad, en forma de desinterés forzado o justificación, es una prueba fehaciente de supervivencia emocional.
Que le den por culo a la solidaridad hipócrita.
Fin de la transmisión
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