Carretera y cabezadas han compuesto el grueso del día de hoy.
Y algo de frío en los instantes finales.
De nuevo el autobús, lleno de miserables, extranjeros, pesados, estudiantes, pobretones... y de aquellas personas que aúnan todas estas características en sí mismas.
A mi lado, un, deduzco por su acento, alemán. Callado. Ideal compañero de viaje, al que no le han molestado mis ocasionales ronquidos.
Un poco más adelante, a unas tres o cuatro filas de mi asiento, un capullo, pesado y nervioso. Cansino. Me ha hecho recordar cierta noticia que vi publicada una vez, no recuerdo dónde, en la que un pasajero de autobús fue decapitado con un machete por su compañero de asiento... con motivos más que justificados, parecía ser.
Salida de Madrid. Se me cierran los ojos. Estamos en Medinaceli.
Bajo a comprar agua. Es decir, sufro un nuevo atraco a mano armada.
Vuelta al ruedo. Estamos en Zaragoza.
Llamo a todas aquellas personas que debería haber llamado antes de salir de viaje. La primera, Marta, cuya voz se siente extraña. Javier, Luz, Joaquin, Laura, Alberto, Ángel, Juan Ángel, Manuel... Van pasando por mi teléfono, ya sea en directo o mediante buzón de voz.
Estamos en dirección al peaje de Martorell. Toca bajar a mear. Llamada de mi hermana y mi madre. estoy casi sin batería.
Gracias al Diablo.
Llegada a Barcelona. Joder qué frío.
Metro. Transbordo en Plaza Catalunya. Ferrocarril. Dirección Rubí.
Llegada sobre las 22:30h. Apesto. Somnoliento.
Mi hermana prepara algo de cena. Ataca el queso manchego que le he traido, igual que su compañera de piso. El casero, y compañero de piso también, parece un tipo bastante raro, aunque se muestra muy amable.
La cama se me antoja irresistible. Mañana visitaremos la ducha.
Fin de la transmisión