Madrid. 0:20h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 8 de diciembre de 2011
Hoy he puesto la TV. Hacía dos días que no la encendía. La última vez fue para ver una película brasileña que dieron en La2.
He cazado un capítulo de Los Simpsons, inédito hasta ahora en España, ya que pertenecía a la temporada 21, que estrena Antena3. TVE debe estar aún autolesionándose por haber dejado escapar los derechos que tenía sobre la serie, a principios de los 90...
El capítulo ha sido flojo, aunque pasable.
Sin embargo, el personaje de Nelson, ese pequeño gran hijoputa, célebre gracias a su risa característica, que todos alguna vez hemos intentado imitar (si no, no tenéis infancia) ha dicho una de las mejores frases que he escuchado en mi vida:
"El alcohol sólo te empuja a hacer cosas a las que ya estabas dispuesto".
Clara, breve y sencilla. Directa, verosímil, sincera. Real.
En este blog se hace bastante referencia al alcohol. No puedo negar que, aunque a temporadas, éste ha formado gran parte de mi vida y, por tanto, se ha convertido en uno de mis puntales referenciales.
Por suerte, o por desgracia, quien sabe, los tiempos de temblores y ausencia de agua son más que pretéritos, pero siempre quedarán ahí, en un rinconcillo, para no ser olvidados y como advertencia.
"El alcohol sólo te empuja a hacer cosas a las que ya estabas dispuesto".
A menudo, y, como excepción, sé de qué hablo, utilizamos el exceso de alcohol en sangre para justificar o atenuar ciertas acciones y/o decisiones.
Parece ser que un buen gin tonic resulta afrodisíaco. Un güiscola estimula tus ganas de boxear. Un manhattan te otorga el don de la ofensa...
Y una leche.
El alcohol elimina ciertas barreras del consciente... y acentúa el instinto. Pero no dictamina tus acciones de forma directa.
Si te acuestas con una persona, es porque existe cierta atracción previa, aunque esta sea más que mínima, rozando lo inexistente. Ya sea física (la más inmediata) o emocional (más a largo plazo).
Por supuesto, se pueden dar otras situaciones complementarias: haber sufrido un desengaño, tener un bajón emocional, tener necesidad de consuelo o cariño, agradecimiento... Pero el alcohol no te dice "quiero cama, est@ mism@". Si esa otra persona te produce rechazo, un rechazo sincero, poco vas a hacer.
De igual modo, pero a la inversa, si le partes la cara a alguien o recurres a la dura ofensa, incluso si sois buenos amigos, no se debe a que estés borrach@. Existirá sin duda cierto sentimiento presente, de, por ejemplo, enfado, rencor, envidia... probablemente a un nivel tan mínimo como el comentado anteriormente. Quizá ese sentimiento no sea necesariamente contra esa persona como ente físico, sino contra lo que represente para ti, pero existirá.
Resumiendo: El alcohol puede ser, y, de hecho, lo es, un potenciador de nuestros sentimientos más profundos. Quizá pueda funcionar a ciertos niveles como un desencadenante, pero nunca será una causa por sí solo.
Justificar una acción o decisión en él, es un acto de soberana cobardía, hacia nosotros mismos y hacia los demás. "Limpiar nuestra conciencia" no puede ni debe ser tan fácil. La sinceridad ha de empezar por uno mismo.
Dicho lo cual, voy a beberme una cerveza del pueblo, que hay que coger el sueño.
Fin de la transmisión.
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