Madrid. 1:17h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 7 de diciembre de 2011
Si algún día venís a Madrid, visita obligada es el bar Escalero, en C/ Hortaleza 33.
Hoy fui con Pablo a buscar lugares donde se hicieran jam sessions. Tras ver varios, hemos terminado en este bar, en el que ya estuvimos hace pocos días.
Catorce botellines (hoy no hemos acabado con el stock. La falta de dinero empieza a ser evidente) y otras tantas tapas (que incluían un estupendo lacón o salchichón ibérico) nos han hecho pasar un par de horas agradables, viendo como el Valencia era apeado de la Champions.
Emilio, el camarero de barra, nos ha obsequiado con un gin tonic, tan inesperado, como inapetecible, pero, alcohólicos de pro como nosotros, no podemos rechazar un cubata gratis así como así.
Tras eso, pagar cuatro euros por una budweiser en el Hunky Town, un interesante local donde sonaba el mejor Bryan Adams (pre-MTV), nos ha sentado como una patada en el estómago. Y hemos decidido volver a casa.
Al fin y al cabo las Voll-Damm ("cerveza del pueblo" que diría mi buen amigo Manuel) que tenemos en la nevera nos resultan más satisfactorias... y más baratas.
A estas alturas, la intoxicación etílica no es exagerada, pero sí evidente. Mientras escuchamos algunas grabaciones antiguas de Pablo, mis vecinos de al lado empiezan a retozar. Es probable que en breve les oigamos follar, aunque intentemos con gran ahínco evitarlo. Curiosidades de la vida en un estudio.
Me cuesta teclear. He tropezado en el metro, al pisar accidentalmente la bufanda, y me he hecho bastante daño en la mano izquierda.
En el ordenador de Pablo suena Shakira, una cantante que adoro... salvo cuando insiste en cantar... o tan siquiera hablar. Es una historia para contar otro día.
Lo dejaremos por hoy.
Fin de la transmisión.
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