domingo, 4 de diciembre de 2011

4 de diciembre de 2011

Madrid. 0:15h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 4 de diciembre de 2011


Vuelve a coincidir la hora. Mera casualidad. Puedo prometer y prometo.


Pablo ya está durmiendo. La botella de Rioja crianza que se ha apretado entre pecho y espalda ha hecho su efecto. En mí, alcohólico por vocación, no tardará. Los petit suisse que me estoy comiendo ralentizan un poco el efecto.


Hoy ha sido un día muy cultural. Dos horas y media de cola para ver el Congreso por dentro. Tiempo suficiente para comprar un par de cupones de la ONCE. Me ha tocado el reintegro de hoy sábado. Mañana me forro y dejo de escrbir chorradas, para dedicarme a algo más productivo. Estilo George Best.

Hemos tenido que esquivar una cámara de Telemadrid y varios ciudadanos confundidos, que se ven incapaces de aceptar que alguien pueda gobernarnos peor que el PSOE de estos últimos cuatro años. La ilusión es una fuerza tan poderosa como la esperanza.

El Congreso es realmente bonito. Ostentoso, pero bonito. No hemos sido capaces de ver los célebres agujeros del hemiciclo, ya que Pablo y un servidor no vamos sobrados de vista, pero ha sido divertido ver el sillón donde se sentará el futuro presidente. No nos han dejado escupir encima. Los ujieres no tienen sentido del humor.

Los lavabos están limpísimos.


Tras comernos un kebab en Atocha, visita obligada al museo Reina Sofía. Hoy era gratis a partir de las 14:30h.
El arte, definitivamente, es algo subjetivo.

Hemos visto verdaderas estúpideces y banalidades, envueltas en un halo de presunta capacidad de sus autores. Dos de cada tres "creaciones" eran absurdos intentos de lograr notoriedad.

Sin embargo, cuando hemos llegado a la sala 206, de la segunda planta, los huevos se nos han caído al suelo. El Gernika de Picasso me ha apretado una sarta de uno-dos, alternando crochets y directos sin ninguna piedad.
Pocas pinturas pueden plasmar de forma tan enfermiza y lúcida todo ese hatillo de sentimientos y sensaciones, sinsabores que logró el gran Pablo.

No tengo gran sensibilidad artística. Es evidente. Pero siempre hay algo que despierta ese pájaro azul del que hablaba Bukowski. Las Meninas de Velázquez, El grito de Munch, El Coloso de Goya (o Julià, para algunos), Los obreros del Rockefeller Center, Sharbat Gula de McCurry, Muerte de un miliciano de Capa...




Al salir del Reina Sofía, necesitábamos de forma más o menos urgente un café económico y un asiento cómodo. El desconocimiento de la zona nos ha negado ambos. Más de cuatro euros por dos cafés y unos taburetes donde a King Kong le colgarían las piernas.




Tras el lógico enfado, hemos decidido resarcirnos comprando un buen vino. La cosa se nos ha ido de las manos y la tarjeta ha empezado a temblar. Bienaventurada la indemnización por despido.

Casa. Gnocchi con salsa cuatro quesos. Rioja crianza. Barça 5 levante 0. Algo de Facebook. Janis Joplin. Juntar palabras de forma más o menos inconexa...

Fin de la transmisión.

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