Madrid. 1:25h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 24 de diciembre de 2011
Pablo y mi hermana duermen a pierna suelta en mi cama. A última hora ha fallado el colchón supletorio y me toca dormir en el suelo o en la bañera.
Libre albedrío.
Hay algo en esta situación que no me acaba de cuadrar...
Volviendo del trabajo, escala en Avenida América para recoger a mi hermana que viene de Barcelona en autobús. Dos tercios mientras dura la espera y ejercicio de observación. Quizá tenga algo que ver el exceso de sidra gratuita con que nos han obsequiado en el trabajo. Ya podían dedicar ese dinero a subir algo los sueldos.
Panda hijoputas...
Una pareja, ella muy mona, se despiden un piso más abajo desde donde degusto mi San Miguel (cerveza que, dicho sea de paso, aborrezco, pero que goza de fama internacional. Recuerdo haber visto su publicidad en una película de Van Damme que se desarrollaba en Hong Kong).
Él se resiste a dejarla escapar en su autobús. El tiempo no le da la razón. Ella sube. Él se queda en un banco frente al vehículo y le LLAMA POR TELÉFONO. ¿Puede haber un amor más grande?
El autobús arranca y él, al que le deben escocer bastante los ojos, pues no deja de restregárselos, lo mira alejarse. Fuera de plano, coge su mochila y abandona la escena.
20 añitos, no más. Tan bonito que da ciertas náuseas.
Cuando tengáis 30, sucumbiréis a la realidad, en la que no aceptáis el romanticismo, por ser ñoño, aunque una parte de vosotros lo siga anhelando.
Efectos secundarios de teleseries norteamericanas, quizá.
No leáis al primer Bukowski, ni a Medina, ni a Carver... Centraos en Fante, por ejemplo.
Cargado como un mulo, dirección al estudio. ¿Cómo puede alguien llevar tanto equipaje para diez putos días? Me sobraría con una mochila de mano, con ropa interior y un pijama.
Albondigas con tomate para cenar. Vino tinto y rosado.
Seguimos de dieta sana.
Bla, blas... Bli, blis... ja, jas... Y los débiles y cansados a dormir.
Abro una nueva botella de tinto. ¡Que se jodan las amigas de mi hermana!
Mientras diviso parte de Madrid, entre las luces y la oscuridad, a través de los surcos de humedad que provoca el cambio de temperatura en los ventanales de mi noveno piso, toca ver Perros de paja, tras lo escrito ayer. Dustin Hoffman que aún no estás en los cielos...
(Pequeño homenaje a Pilar Miró, aunque su película referencia es un soberano coñazo).
Toca disfrutar de los pequeños placeres que uno se busca.
Que mañana toca cena con parte de la familia que no soporto.
Fin de la transmisión.
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