Madrid. 0:54h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 6 de diciembre de 2011
Lo más destacable de hoy ha sido ir a cortarme el pelo. Resulta irónico que a medida que me estoy quedando calvo tengo que ir más a menudo al peluquero, por aquello de igualar. Echo de menos los tiempos en que iba un par de veces al año, como mucho, y uno de mis apodos era Jesucristo. No sé si por el cabello por los hombros, la barba mal recortada, o las visiones...
Es evidente que soy un hombre que no existe, en un mundo lleno de peligros. Sólo me falta el coche... la altura... la belleza... el dinero... el saber estar... las mujeres... el horterismo...
Vivo tiempos de abandono. Hoy no pude resistir la tentación de reescuchar al Jacques Brel del 59. Su canción más famosa es una rendición incondicional al amor, casi enfermizo, por una mujer a la que se somete voluntariamente, pues no cree, ni quiere, poder conseguir a nadie mejor.
Más allá del mensaje, cuestionable o no, su voz me ha remitido a no sesudas reflexiones sobre si el miedo al abandono se ha de ceñir únicamente a ese mal llamado Amor, más cerca de la necesidad y de la dependencia que del bonito sentimiento que se presupone (si es correspondido, por descontado).
Siempre pensé, y lo sigo haciendo, que el mayor abandono que puede haber, es el que podemos llegar a ejecutar hacia nosotros mismos. Ya sea a causa de una persona, amigo/a o pareja, por enfermedad mental, o por simple desinterés, caer en nuestro propio abandono, físico, intelectual, sentimental (entendiéndolo como amor a nosotros mismos) o emocional (hastío) nos lleva, irremediablemente, hacia el desastre.
Vivo tiempos de abandono, no porque me sienta abandonado por nada ni nadie, sino porque soy incapaz de encontrar una motivación hacia mi propia persona.
Cuando oyes a la gente hablar a la ligera de "tocar fondo", pienso, de manera casi inmediata, que no tienen ni puñetera idea de lo que hablan. No porque haya tocado fondo alguna vez, aunque he tenido en ocasiones la sensación de estar muy cerca; sino porque me da la sensación de que su incapacidad de empatía (generalizada, que por algo somos seres humanos) engrandece su prisma de la cosas, en detrimento de la Realidad... y les hace caer en el más amplio de los ridículos.
En estos últimos días ronda por mi mente, ocasionalmente, abandonar Madrid. Vivo en una constante necesidad de nomadismo. No es necesario recorrer grandes distancias, pero sí se me es muy necesario estar en movimiento constante. Desde que abandoné el nido, allá por el 2000 he vivido en 13 sitios distintos.
Desconozco a qué es debido esta necesidad de cambio. Supongo que me aburro fácilmente...
Es probable que el próximo destino, más que probable en pocos meses, me lleve de nuevo al extranjero. Quien sabe...
Tendré que ir pensando en cerrar los cabos sueltos de Barcelona, Madrid, Ciudad Real y Londres...
Mi hermana se aburre y me está hablando de cine por Facebook. Lástima, hoy que me había dado por pensar un poco esquivando el dolor... Será mejor dejarlo por hoy.
Fin de la transmisión.
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