Madrid. 0:09h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 13 de diciembre de 2011
Día de metro.
Hoy he realizado la puñetera entrevista. Estúpida, como todas. Me han contratado.
La falta de sueño a veces me provoca un estado de sinvergonzonería simpática y resalta mi escasa aptitud cómica.
Como si fuese una exposición, de las que hacía en la universidad, me he comido con patatas al resto de aspirantes, en una de esas "dinámicas de grupo".
Es curioso que, cuanto menos me importa el trabajo, más índice de contratación consigo. Debe ser que confunden el desinterés con la seguridad...
Me he encontrado con David, un chavalote (22 añitos) con el que coincidí brevemente cuando trabajé en cierto servicio de recepción de llamadas.
La conversación ha surgido casual y amena.
Al volver de la entrevista, ha recibido una llamada telefónica, donde le comunicaban que había fallecido su tío. El trayecto que hemos coincidido, le ha servido para desahogarse conmigo, explicándome, aunque no le he hecho una sola pregunta, parte de su vida y problemas (incluida una depresión de tres años, a causa de un padre cabronazo). Esta visto que debo tener cara o actitud de buenazo, pues estoy tomando forma de hombro sobre el que llorar.
Día de metro, comentaba. Para ir, y volver, del lugar de trabajo he tenido que chuparme 24 estaciones de metro, incluyendo un transbordo.
El metro, o cualquier transporte público, me resulta muy divertido. Escuchar u observar a las personas llega a ser más divertido que cualquier libro. Me he sentido un poco como el Jefferies de Hitchcock, pero sin asesinato de por medio.
Adolescentes hablando sobre test de embarazo, vecina de asiento leyendo una revista ultracatólica que ensalza la figura de Rajoy, bellezones impresionantes a las 9 de la mañana, inmigrantes increpados por no ceder el paso... Y mucha gente con hastío y somnolencia recorriéndole el rostro.
Curiosa experiencia. No creo que vuelva a leer en el metro.
Para esto prefiero el silencio de una casa vacía y una lámpara de escritorio. Y un porrito de maría. Un generoso vaso de ginebra...
Me he de levantar a las 6:45, para acudir a la formación mañana. Será un duro cambio levantarme con el amanecer... Hasta ahora el proceso ha sido generalmente invertido.
Me han comentado que a esas horas hay gente por las calles y que es probable que me encuentre personas alegres y animosas que charlan sin cesar y acuden a trabajar con muchas ganas.
No soy quien para desear la muerte a nadie.
Intentaremos dormir un poco.
Fin de la transmisión.
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