Alcolea de Calatrava. 3:40h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 25 de diciembre de 2011
Nochebuena. Resacón.
Anoche debí dormirme muy rápido, pues no recuerdo como llegué al suelo... ni por qué me fui a acostar vestido.
Acompaño a mi hermana a Atocha. Mulo de carga.
Pablo y yo nos vamos en el autobús de las 16:15h. Más lento, más barato.
El viaje resultaría cómodo si no fuese por el dolor de cabeza. Debería haberme bebido una cerveza antes de subir. El agua no hace efecto.
El autobús llega con adelanto. En tres horas hemos llegado a Piedrabuena, donde reside la única abuela que me queda, paterna, y lugar de encuentro para la cena.
Hace un frío de cojones.
Decidimos ir a echar una cerveza, pues son las 19:30h y la cena está prevista a las 21h.
Un bar mítico del lugar. El camarero/dueño está hasta las pelotas de la parroquia (algo comprensible, dada la cansinez de los habitantes de este pueblo en cuanto pisan un bar) y, aunque disimula como mejor puede, su expresión le delata. Llevamos cinco minutos en el bar y ya hemos decidido que era una mala idea. Vamos directos a casa de la abuela.
El gentío nos abruma. Las calles atestadas nos impiden el paso y la alegría se desborda por cada esquina.
Comparable a una travesía por el Gobi.
Del bar a destino hay apenas quince minutos, por lo que llegamos con bastante adelanto.
Rafael, mi tío-abuelo, está bastante mejor desde la última vez que le vi. Esta vez consigo arrancarle algunas sonrisas con mis payasadas. La necrosis irreversible que sufre en un pulmón le está quitando poco a poco la energía, pero aún aguanta a sus 81 años. Veremos hasta cuando.
Mi tía Tania está bastante guapa, teniendo en cuenta sus 51 años y las putadas que ha hecho y le ha hecho la vida.
Mi tío Pepe está un poco más parlanchín que de costumbre. Probablemente está mejor habituado a la medicación. Sus anécdotas de cuando vagaba por las calles no me las había explicado nunca.
Y mi abuela, cada vez más sorda, pero más cariñosa. Supongo que la constancia del paso del tiempo nos llega a todos.
Poco después llega mi prima Carolina. Una de las ovejas negras de la familia, pues es bellísima. A saber a quien habrá salido (probablemente al otro sesgo de la familia, la de parte materna). Huérfana de madre desde los 4 años y de padre desde los 13. Siempre he pensado que las drogas no son para todo el mundo.
Todos van pasando por las manos y los labios de Pablo. Cuestión de tradición social.
Como si de estrellas se tratase, llegan mis padres y hermanos. Bastante retrasados. Malentendido con el horario, alegan.
La mesa la hemos puesto mientras un bobo ajusticiable lee un discurso por televisión. Nunca le he escuchado. No voy a romper esa tradición.
La cena, como todas por estas fechas, es excesiva, pero adoro el cordero y no lo pruebo desde hace un año. No hay alcohol en toda la casa y eso me pone un poco nervioso.
En la cara de algunos se refleja la nostalgia, en la de otros, la nada.
Bromas, fotos... comida y más comida. Estoy hasta los huevos de comida.
Pasadas las 23h, comenzamos a desfilar. Mi abuela y su hermano están destrozados.
Unos y otros van a diferentes fiestas privadas.
Pablo y yo, acoplados de última hora, somos remolcados al pueblo vecino, donde residen mis padres y desde donde escribo esto. Aún nos da tiempo a presenciar una tensa e injustificada discusión entre mi padre y mi hermana. Uno y otra están, a veces, demasiado cerca de la estupidez.
Tras mostrar la vivienda a Pablo, salimos a que nos dé el aire.
El ambiente es incluso más movido que en Piedrabuena. No nos siguen ni los perros. Casi podemos notar el arbusto rodando por las travesías.
Encontramos un local abierto. Movidón. Contando a los dueños del local, sumamos siete personas.
La camarera es fea de narices, pero destila morbo en cada curva.
Un whisky y un gin orange. Dos cervezas negras. Dos cervezas del pueblo. Que aprendan los madrileños... Conversación con toques de nostalgía sureña.
Y pa casa. Donde abrimos una botella de vino que no acabamos.
Pablo se fue a la piltra.
Mientras, aquí sigo, aporreando teclas mientras la casa parental es tragada por (ti)nieblas de Navidad.
Menudo coñazo de día.
Fin de la transmisión
No hay comentarios:
Publicar un comentario