sábado, 31 de diciembre de 2011

31 de diciembre de 2011

Madrid. 9:34h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 31 de diciembre de 2011

Hoy el bachatero nos ha confirmado nuestra condición de clientes preferenciales. Lástima que la música aún sigue sin acompañar.
Nada más entrar en el local, nos ha puesto dos botellines y nuestra tapa de champiñones con jamón. Ya no nos es necesario pedir nada.
Mola.
Conversación aún algo tibia, pero promete.

Discusiones de fútbol y loa a la autonomía catalana conformaban las conversaciones de la parroquia.
Todo tías buenas con calvas relucientes, canas y bigotes. Por los cojones.

Pablo ha invitado. Marcha a Barcelona a pasar el Fin de Año. Me toca pringar en el trabajo.

Cayeron cinco por barba. Tuvimos que repetir tapa.
Tomamos mate de postre.
Hoy fue realmente duro salir pa'l curro.

En estas fechas entrañables se supone que deberíamos estar con la falacia tradicional de los proyectos para el nuevo año. Dado que voy a acabar 2011 igual que comenzará 2012, no voy a perder el tiempo.
Total, no recuerdo haber realizado nunca nada de lo proyectado.
Mi año comenzará en febrero, como los chinos.

Nueva York, Amsterdam, Barcelona, Rosario, Londres, Taipei, Los Ángeles, Miami, Las Vegas, Edimburgo, Sabadell, Piedrabuena...
Ciudades y pueblos que, por un motivo u otro, acuden a mi mente en un momento en el que las ansias nómadas reclaman protagonismo...
Bagdad, París, Araouane, Balcad, Auckland, Tokio, Moscú, Sao Paulo...

Laura, Luz, Marta, Julia, Pablo, Juan Ángel, Manuel, Alberto, Roberto, Carmen, Melinda... y cientos de personajes y personajas que deambulan ante la claridad que supone mi descanso vampírico.

Buenos días.


Fin de la transmisión

viernes, 30 de diciembre de 2011

30 de diciembre de 2011

Madrid. 18:26h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 30 de diciembre de 2011

El coronel Kurtz advirtió a Luke sobre el Horror. Éste, mártir por crucificar entre huevo y huevo cocido, recoge el testigo y promete resistencia eterna bajo el árbol de la horca.
Lejos de allí, en tiempo y espacio diferenciados, un enano bigotudo juguetea con el Mundo. Una estrella del rock destroza su enésima habitación y purifica su cuerpo, siguiendo su mismo ideal.
Rebeldes inconformistas quieren cambiar el mundo entre mosquitos y conforman nuevos órdenes entre moscas y suburbios, amoralidad y delincuencia.
Otros, los más, reafirman su aguante con una oda a sí mismos y a lo/los que le rodea/n. Pueblan bares y resisten y sostienen. Sólo inténtalo.

Vivimos en un Oeste modernizado, donde nuestros servidores pueden llegar a ser nuestros amos. Donde la inteligencia dejará, aún más, en evidencia al Ser Humano.
Somos marionetas en un mundo que, ni conocemos, ni entendemos. El control y la rutina nos convierte en voyeurs de nosotros mismos.
Si alguna vez pudiésemos conocer a nuestros padres, los asesinaríamos para evitar nuestro nacimiento. Sólo, claro está, si nos queda algo de clarividencia y honestidad.

Las pesadillas en Wonderland se asemejan a las ideadas por un sádico. La muerte no es más que otro estado vital, en el que la imaginación crea arte, en el término más positivista de la palabra.

Un buen director cabalga, informando sobre la palabra de Dios. Y soltando hostias como panes y tiros a gogó. Corre el riesgo de llegar a un lugar donde anidan inmortales cabeza abajo y mover los pies rítmicamente está prohibido.

Un amor fatal precede al asesinato y a la justicia poética. Algunos hombres seguimos buscando mujeres que sepan volar. Y un poco putas, preferiblemente. No sos vos, soy yo.
Topotamadre.

Y es que, en fondo y forma, aún existen aventureros de vieja escuela que odian a quien aman y toman la sangre como fuente de ejecución.
En éstos, y en todos, sus armas más potentes cuelgan bajo la cintura. Al igual que sus cerebros.

Salvajes y golpes conforman espíritu francés, homenajeado y respetado mediante lo fantástico. Criaturas ancestrales y monstruosas ponen a prueba el límite y el valor del más corriente de los mortales. Coros terrenales refuerzan sus sentimientos.

El Terror, igual que el Horror, es una característica intrínseca que nos equipara como entes vivos. La forma y las circunstancias remarcan las sensaciones y nos provocan cierto placer insano.
La perversion es otro.

Ludovico nos acecha.
La locura nos acecha.
Las ilusiones nos acechan.

¿A quien no le gustaría subsistir entre el Apocalipsis?


Fin de la transmisión

jueves, 29 de diciembre de 2011

29 de diciembre de 2011

Madrid. 10:08h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 29 de diciembre de 2011

Pablo perdió hoy su trabajo. Dos días antes de cumplirse el periodo de prueba le largaron con buenas palabras. No sos vos, soy yo.
Algo así como cuando el amor de tu vida te suelta que "te quiere como amig@".

El muchacho estaba bastante jodido. El hecho de haber agotado todos los subsidios influye en ello.

Como le comenté hace unos días, vivimos en un país y en una sociedad donde poco importa si haces bien o no tu trabajo, pues no somos más que variables numéricas en una gran ecuación donde prima el beneficio ajeno. Puro y duro.
Nunca me he tomado en serio ningún trabajo. Nunca he encontrado uno que me lo permita.
Mi falta de talento y mi exceso de sentido común siguen puteándome.

He intentado animarle, aún cuando pienso que ha sido una buena noticia para él.

La tarde, pues, ha sido de Infojobs y teléfonos de contacto.

Resulta paradójico que nos encontremos en una situación tan rocambolesca, en la que el que quiere trabajar no tiene ni trabajo, ni subsidio y el vago forzoso tenga curro y, cuando proceda, subsidio de gran calibre durante seis meses.

En fin...

Minisiesta antes de ir al tajo. Joder, qué pereza.
Hora y cuarto de metro.
El pueblo llano cambia de fachada cuando cae la noche.
Los estudiantes mutan en post-adolescentes calenturientos que confunden estilismo con daltonismo.
Toda mujer es bella, a una cierta edad. Intervalo de edad que, ciertamente, se está ampliando progresivamente a medida que envejezco.

El metro se vacía mientras mis cabezazos aumentan. Cada vez que abro los ojos, estoy más solo.
Lamentablemente, la línea es finita.
Un día más.

Fin de la transmisión

miércoles, 28 de diciembre de 2011

28 de diciembre de 2011

Madrid. 14:34h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 28 de diciembre de 2011

Vago sin forzar.
Día libre en el trabajo, que aprovecho para pulir algunas entradas de este blog que no habían quedado coherentes. Rob Zombie atrona.

Conversación vía chat con Nueva York. Nada profundo. Lo dejaremos para enero, si procede. Laura y Pablo ya son amigos en Facebook.

Luz, pequeña y jovencita encantadora (en concreto 1'50 y 11 días más joven que yo) cumple años. Le felicito y mantenemos un flirteo desintencionado vía chat, también. Nos sale a ambos de un natural que espanta, huyendo del pagafantismo.
Remitimos de nuevo a mi subida a Barcelona. Será divertido. Peut être.

A Pablo esta mañana se le cayó una lentilla por el desagüe del lavamanos. 300 €. Dado que hace cinco años que debía haberla cambiado, recurre a tomárselo con filosofía.

Hora de botellines. Tenemos algo olvidado a nuestro bachatero.
Sólo tres por cabeza. El dinero y algunos quehaceres nos aconsejan no abusar.
Champiñones con jamón, croquetas y chorizo ibérico. Algo de conversación.
Estamos alcanzando poco a poco status de habituales. No tiene por qué ser malo.
De hecho, no lo es.

Cena y sueño. Pablo toca, yo bostezo...


Fin de la transmisión

martes, 27 de diciembre de 2011

27 de diciembre de 2011

Madrid. 12:54h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 27 de diciembre de 2011

Hoy no hay ganas ni talento para escribir. Bueno, en honor a la verdad, talento no lo ha habido desde, quizá, los 14 años.
Estoy realmente agotado.

De todas formas, me propuse, cuando empecé a verter mis chorradas en este pseudo-panfleto vital, escribir una entrada al día.
No es demasiado importante la calidad de lo que escriba. Escribo para mí, y eso me da la potestad de no buscar críticas, ya sean éstas acertadas o no. Y, en consecuencia, que me importe un comino algo que no sea yo mismo.
El único aspecto que respeto, y no incluyo aquí, son características, situaciones y confidencias de las pocas personas que me importan algo. No debería ser así, en pos de la veracidad, pero... lo dejaré para cuando me odien completamente.

Hacer el esfuerzo de escribir cada día, cualquier cosa, no me hace, ni me va a hacer, mejor escritor. La ventaja de tener pocos talentos es que no tienes por qué conservarlos.
Aún así, este ejercicio sirve para mejorar la propia expresividad y enfrentarse con uno mismo, sin tener miedo a ello.

Tomémoslo pues, como un simple ejercicio educativo.
Auto-educativo.


Fin de la transmisión

lunes, 26 de diciembre de 2011

26 de dciembre de 2011

Madrid. 20:58h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 26 de diciembre de 2011

Navidad. Comida. Sopor.

Pablo me ha hablado en sueños. En mis sueños.
Me ha parecido oírle temprano, pidiendo desayunar.
La calefacción de casa de mis padres funciona tan bien, como para no abandonar la cama.
A pasear se va a levantar su puta madre. No hay tanto que ver en este puto pueblo de mierda.
El vocabulario de hoy no es rico en matices.

Pasadas las 12:30h me he tenido que levantar. Ya me dolía la espalda de estar en cama.

Mi azarosa madre preparaba la comida, mientras mi resacosa hermana, vestida con una camiseta de fútbol que a mí me serviría de calentador, como mucho, soltaba diatribas con mi padre y Pablo. Creo que hablaban de fútbol, aunque estaba aún a medio despertar y sólo les oía como se escucha aquello que no interesa: asintiendo.
Mi hermano cojea al dolerle la rodilla izquierda. Informa que una chica borracha le cayó encima. No le creemos. No nos podemos permitir creerle, tras la noche deprimente.

Otra vez demasiada comida. Deliciosa, pero excesiva.
La conversación fluye casual. Pablo esquiva las preguntas relativas a su familia. Le echo un cable cambiando de tema siempre que puedo.
Al terminar, no nos podemos mover. Mi madre saca una tarta, propia de Brobdingnag.

Ducha y hacia la estación de AVE. No había plazas libres en el autobús.
Ni me entero del viaje. Caigo dormido en cuanto el tren echa a andar.

Llegada al estudio. Coca Cola para aguantar despierto toda la noche. Primer día del curro en turno de noche.
La conversación con Pablo versa hacia la familia. No quiero saber mucho, pero lamento que se encuentre solo en estas fechas. Su historia es compleja y jodida, por lo que no entraré en detalles. La mía tampoco es para hacerlo al 100%.

Llamo a Marta para felicitarle las fiestas. Está preocupada por el resurgimiento de algunos síntomas de la enfermedad que padece. Le va muy bien con su actual pareja.
Siguiendo la tónica habitual, le quito hierro a todo y consigo arrancarle alguna risa.
Todos necesitamos algo de consuelo. Poder mantener ese tipo de conversaciones con una expareja debería ser un deber y no una excepción.

Noticias de Laura. Me ha enviado un par de mensajes por Facebook. Tiene el móvil estropeado, con lo cual las primeras entradas de este blog adolecen de presunción.
Aunque no fuese cierto, preferiría creerle.
Nos veremos en enero.

A las 22:30h salgo hacia el trabajo. La noche transcurre tranquila mientras conozco a los nuevos compañeros. Alguna imbécil que enseña sus cartas demasiado pronto...
A ver cuanto tardamos en tirarnos los trastos a la cabeza.


Fin de la transmisión

domingo, 25 de diciembre de 2011

25 de diciembre de 2011

Alcolea de Calatrava. 3:40h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 25 de diciembre de 2011


Nochebuena. Resacón.

Anoche debí dormirme muy rápido, pues no recuerdo como llegué al suelo... ni por qué me fui a acostar vestido.


Acompaño a mi hermana a Atocha. Mulo de carga.

Pablo y yo nos vamos en el autobús de las 16:15h. Más lento, más barato.

El viaje resultaría cómodo si no fuese por el dolor de cabeza. Debería haberme bebido una cerveza antes de subir. El agua no hace efecto.

El autobús llega con adelanto. En tres horas hemos llegado a Piedrabuena, donde reside la única abuela que me queda, paterna, y lugar de encuentro para la cena.
Hace un frío de cojones.

Decidimos ir a echar una cerveza, pues son las 19:30h y la cena está prevista a las 21h.
Un bar mítico del lugar. El camarero/dueño está hasta las pelotas de la parroquia (algo comprensible, dada la cansinez de los habitantes de este pueblo en cuanto pisan un bar) y, aunque disimula como mejor puede, su expresión le delata. Llevamos cinco minutos en el bar y ya hemos decidido que era una mala idea. Vamos directos a casa de la abuela.

El gentío nos abruma. Las calles atestadas nos impiden el paso y la alegría se desborda por cada esquina.
Comparable a una travesía por el Gobi.

Del bar a destino hay apenas quince minutos, por lo que llegamos con bastante adelanto.

Rafael, mi tío-abuelo, está bastante mejor desde la última vez que le vi. Esta vez consigo arrancarle algunas sonrisas con mis payasadas. La necrosis irreversible que sufre en un pulmón le está quitando poco a poco la energía, pero aún aguanta a sus 81 años. Veremos hasta cuando.
Mi tía Tania está bastante guapa, teniendo en cuenta sus 51 años y las putadas que ha hecho y le ha hecho la vida.
Mi tío Pepe está un poco más parlanchín que de costumbre. Probablemente está mejor habituado a la medicación. Sus anécdotas de cuando vagaba por las calles no me las había explicado nunca.
Y mi abuela, cada vez más sorda, pero más cariñosa. Supongo que la constancia del paso del tiempo nos llega a todos.
Poco después llega mi prima Carolina. Una de las ovejas negras de la familia, pues es bellísima. A saber a quien habrá salido (probablemente al otro sesgo de la familia, la de parte materna). Huérfana de madre desde los 4 años y de padre desde los 13. Siempre he pensado que las drogas no son para todo el mundo.

Todos van pasando por las manos y los labios de Pablo. Cuestión de tradición social.

Como si de estrellas se tratase, llegan mis padres y hermanos. Bastante retrasados. Malentendido con el horario, alegan.

La mesa la hemos puesto mientras un bobo ajusticiable lee un discurso por televisión. Nunca le he escuchado. No voy a romper esa tradición.

La cena, como todas por estas fechas, es excesiva, pero adoro el cordero y no lo pruebo desde hace un año. No hay alcohol en toda la casa y eso me pone un poco nervioso.
En la cara de algunos se refleja la nostalgia, en la de otros, la nada.

Bromas, fotos... comida y más comida. Estoy hasta los huevos de comida.

Pasadas las 23h, comenzamos a desfilar. Mi abuela y su hermano están destrozados.
Unos y otros van a diferentes fiestas privadas.

Pablo y yo, acoplados de última hora, somos remolcados al pueblo vecino, donde residen mis padres y desde donde escribo esto. Aún nos da tiempo a presenciar una tensa e injustificada discusión entre mi padre y mi hermana. Uno y otra están, a veces, demasiado cerca de la estupidez.

Tras mostrar la vivienda a Pablo, salimos a que nos dé el aire.
El ambiente es incluso más movido que en Piedrabuena. No nos siguen ni los perros. Casi podemos notar el arbusto rodando por las travesías.

Encontramos un local abierto. Movidón. Contando a los dueños del local, sumamos siete personas.
La camarera es fea de narices, pero destila morbo en cada curva.
Un whisky y un gin orange. Dos cervezas negras. Dos cervezas del pueblo. Que aprendan los madrileños... Conversación con toques de nostalgía sureña.

Y pa casa. Donde abrimos una botella de vino que no acabamos.

Pablo se fue a la piltra.
Mientras, aquí sigo, aporreando teclas mientras la casa parental es tragada por (ti)nieblas de Navidad.


Menudo coñazo de día.

Fin de la transmisión