sábado, 1 de febrero de 2014

1 de febrero de 2014

Cornellà de Llobregat, 5:31h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 1 de febrero de 2014


Mozart. Compendio de sus obras más famosas.

Madrugada del viernes al sábado, de nuevo encerrado aquí, entre estas blancas paredes, con ventanas a la recepción, mientras divago y/o reflexiono sobre sentimientos tales como el asco, la culpa, la alienación, el aburrimiento o el optimismo.

La oscuridad de fuera no llega aquí, hasta que he decidido apagar las luces de toda la oficina. Y aún entonces, las pantallas del ordenador convocan su luz verdosa, para torturarme.

El Clasicismo ligero, con suaves contrapuntos y complementos barrocos, de Wolfang resulta ideal para aislarse de lo mundanal y adentrarse en los límites de uno mismo. Cada nota, incluso en las composiciones más "sencillas" (término ignominioso para el artista), transporta a la epicidad, a lo solemne, a la alegría que sólo una mente brillante, traumada, puede lograr.

Admiramos a los genios, sin darnos cuenta, como dice mi ocasional compañera de trabajo, de que estamos loando a la locura. Y la locura supone sufrimiento, para el loco.
No es de extrañar, pues, que muchos de los grandes maestros de la Historia, en sus respectivas disciplinas artísticas, lograran su ansiado reconocimiento tras la muerte.
Buscaban, much@s, encajar en una sociedad desconcertante, apelando a su genialidad, para no sentirse excluidos.

¿Quién decide qué es bueno y qué no? Las modas y l@s crític@s estipulan, a lo largo de sus vidas, qué es bueno y que no. Se dicen expertos, y la gente de a pie sigue sus directrices a pies juntillas (valga la redundancia).

Vemos exposiciones, conciertos, películas, libros, performances, danzas, espectáculos que, objetivamente hablando, son pura basura.
Y, aún así, gozan de gran reconocimiento y asistencia masiva.

"Para gustos, colores", reza la frase hecha.
Pues vale.

Pero no cuela.

Me gusta Mozart. Y Mahler. Y Miles Davis. Y Teo Monk, Y ACDC. Y Janis Joplin, Leonard Cohen, Avicii, Nino Bravo, Sabina, Rota... Bukowski, Carver, Medina, Fante, Toole, Camus, King, Asimov, Kafka... Scorsesse, Kitano, Curtiz, Kieslowski, Haneke, Weir, Eastwood, Kubrick... Munch, Hooper, Michelangelo, Gehry, Pollock... Bakunin, Hitler, de Beauvoir, Schopenhauer...
Y, a menudo, pienso, si no estoy influido por el misticismo que rodea a todos ellos.
Resulta casi un sacrilegio poner a gente tan dispar en la misma frase.

Todos ellos son conocidos por el gran público. Por su innegable talento. Por su persistencia. por su locura.
Y, quizá sólo un poco, por su capacidad para venderse.


Adoraría ser por un momento uno de esos "gafastas" (conocidos de un tiempo a esta parte como "hipsters", aunque para mí siguen siendo unos capullos que desperdician su vasta cultura, por su enorme elitismo e ínfulas). Me siento un completo ignorante en demasiadas materias.
Y, aunque intento "culturizarme", no consigo llegar ni a un 10% de lo que existe.

Siempre en busca del artista anónimo.


Nos queda la opción de mirarnos al espejo.
No hay movimiento artístico más impactante que la Realidad y nuestro enfrentamiento a ella.
Aunque siempre es el primero que evitamos, si somos inteligentes y conscientes de nuestra, mayormente, mediocridad.

Por eso tienen, para mí, tanto valor los autorretratos (ya sean literales o simbólicos).
La valentía de expresarse y enfrentarse a uno mismo y a sus sentimientos no es un hecho loable.
Es una puta genialidad, que sirve para expulsar aquello que odiamos, o para no cejar en la autotortura.

Probablemente dependa de cómo nos presentemos (y, evidentemente, cómo nos vemos) a nosotros mismos.


Fin de la transmisión

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