viernes, 24 de enero de 2014

24 de enero de 2014

Cornellà de Llobregat, 6:01h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 24 de enero de 2014


La ensobradora automática de la oficina atrona, pero puedo abstraerme gracias a estos auriculares baratos, que me llevan, a través de los siglos, desde Mozart o Mahler, hasta Chromatics o Avicii. Sin dejar de lado los imprescindibles: Miles y Theo.

El jefe se ha vengado bien de estos días pasados con poco trabajo. Por suerte, llevo el suficiente tiempo aquí como para saber cómo esquivar lo indeseable y seguir disfrutando del silencio y la holgazanería.


En unas dos horas estaré follando. Y sé que no debería hacerlo.
Pero no lo puedo evitar.
Debería quedarme en mi casa, después de un turno de 10 horas.
Debería evitar esa desagradable sensación del después. De sentirme un cabrón manipulador.

El sexo debería atenerse únicamente a aquellas personas que no te importan.
O, aún mejor, a aquellas personas a las que no importas.


Utilizamos el sexo, más que a menudo, y a medida que crecemos, como sustitutivo del amor.

Algun@s son un@s cobardes, que temen la vaga posibilidad de volver a sufrir. Y abren las piernas o sacan la polla a paseo, a la mínima, porque no quieren volver a enfrentarse a eso de enamorarse, y tal.

Otr@s tienen tal ansia de compañía y atención, que se van con quien se las preste.

Otr@s disfrutan de él. como debe ser.


El sexo es tan fácil de conseguir, como difícil es el amor.


Fin de la transmisión.



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