Madrid. 10:01h. Diario de a bordo. Fecha estelar: 1 de febrero de 2012
Entrevista de trabajo realmente atípica.
Muy cansado, con un ligero tic nervioso en el agujero derecho de la nariz.
Y, aún así, no parece haber ido demasiado mal.
El hecho de que el entrevistador no dejase de llamarme "tío", que fuese el jefe de turno de noche, y no un psicólogo industrial del tres al cuarto, que hayamos coincidido en bastantes aspectos relativos a la organización del trabajo, que algunas de mis respuestas le hayan sorprendido, hasta el punto de reconocer que nunca las había escuchado en nueve años haciendo selección... ha provocado que hayamos estado hablando casi una hora.
Quizá me he relajado más de lo que los preceptos de la perfecta entrevista marcan.
No debí haberle reconocido que no me gusta ningún trabajo, por el hecho de que siempre acaba convirtiéndose en una obligación...
En fin... mañana me confirmarán si me aceptan o me rechazan.
Más tarde. Conversación telefónica con Luz. Viajo a Barcelona pendiente de respuesta de la entrevista, que condiciona el tiempo de estancia, en un principio, concebida.
Se ha echado un nuevo novio, que, lógicamente, contribuye a aumentar las dificultades para vernos.
Efecto colateral de los fines de semana románticos... Ventajas de los idilios incipientes.
Si finalmente reduzco mi estancia de diez a cuatro días, muchas cervezas quedarán en el camino... o muchas personas se conocerán, conmigo como único nexo de unión.
Personas de obligado encuentro: Laura, Marta, Juan Ángel, Manuel, Alberto, Javier, Carmen...
Soy un pésimo Relaciones Públicas.
Pedro me puso en contacto con dos amigas suyas, españolas que han residido en Brasil.
Se ha pasado con los elogios, corriendo el innecesario riesgo de crear demasiadas expectativas.
Soy un experto en consecución de decepciones.
Joder, qué frase me ha salido. No lo estropeemos alargando la entrada.
Fin de la transmisión
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